Corrupción, esa vieja compañera
Aunque no hay evidencias de ello, aprovecharse del prójimo debió de ser algo natural ya en la Prehistoria. Los documentos así nos lo dicen desde hace miles de años.
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Retrato ecuestre del duque de Lerma (Rubens)(CADENA SER)
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Un viejo papiro, fechado en época ramesida, hacia el año 1000 antes de nuestra era, nos da el primer ejemplo de la historia. Un funcionario, de nombre Paser, se ve envuelto en una oscura trama en la cual la corrupción es el elemento más característico. Han pasado más de 3.000 años desde aquéllo y aun siendo el primer registro histórico, no tiene por qué ser realmente el primero de todos.
En el siglo IV antes de Cristo, el griego Demóstenes fue acusado de quedarse con parte del tesoro acumulado en honor de Alejandro Magno. En la Roma republicana e imperial, los casos que nos han transmitido los autores clásicos son innumerables. A lo que vamos. No hay nada nuevo bajo el sol, y en el caso de la corrupción el refrán popular es tremendamente acertado.
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En lo que se refiere a la historia de España contamos con un nombre muy especial. El duque de Lerma, el favorito de Felipe III, el mismo que galopa gracilmente sobre un caballo blanco en el famoso cuadro de Rubens, fue una figura que los corruptos de hoy no le llegarían ni a la suela de los zapatos. Me río yo de la trama Gürtel cuando leemos las aventuras del bueno de don Francisco de Sandoval y Rojas, verdadero nombre del duque. Por poner un solo ejemplo, convenció al rey para que trasladara la capital de España a Valladolid. Al parecer, aquellos aires húmedos, la bondad de sus huertas, y la amabilidad y el trabajo de sus gentes serían el mejor escenario para la ostentosa corte de los Austrias. Felipe III aceptó y el duque que de tonto no tenía un pelo aprovechó la jugada. Para ello vendió a la corona por una fortuna todos los terrenos que previamente había comprado en Valladolid a precio de risa, antes de comenzar a especular con ellos ante las propias narices del rey.
El pueblo lo conocía bien. El duque se vio tan acorralado por las causas pendientes que tenía por corrupción que intentó evitarlas, y con éxito, ordenándose cardenal. De ahí que corriera la copla tan célebre: "para no morir ahorcado, el mayor ladrón de España, se viste de colorado". Y para demostrar que en el XVII las cosas eran igual que ahora, hay que decir que el duque salió indemne de las acusaciones y que aunque tuvo que devolver muchas de las propiedades obtenidas de forma ilícita, su familia, que como las de los corruptos de ahora, tenía mucha cara dura, las reclamó tiempo después como expropiaciones ilegales y toma ya que se las devolvieron. Ahí queda eso.
Fíjense cómo sería el percal, que cuando Felipe V, el primer Borbón, llega a España a principios del XVIII tal fue el susto que se llevó de la corrupción que vio en nuestro país que automáticamente hizo un cambio radical en la administración ministerial. Y eso que venía de la Francia absolutista en donde todo se permitía, pero aquí se pasaba de castaño oscuro. El pobre Felipe V eligió a buenos tecnócratas y apartó a las camarillas de chupópteros que durante años habían asolado las cuentas de España con los Austrias, que para ser honestos con la Historia también hicieron cosas buenas, pero que en lo relacionado con las finanzas dejaron las bases de lo que cinco siglos después, sigue siendo el pan nuestro de cada día.