Planeta
"Para disgusto de aquellos terraplanistas que tiran de la "timología" para cimentar su demostrada ignorancia. Porque planeta suena a plano, sí, pero significa algo bien distinto"
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Madrid
Anoche se falló el premio Planeta, con mayúscula, y es un buen motivo para pasear hoy por el planeta con minúscula. Para disgusto de aquellos terraplanistas que tiran de la "timología" para cimentar su demostrada ignorancia. Porque planeta suena a plano, sí, pero significa algo bien distinto. Esta palabra, que nos llegó del griego 'planetes' a través del latín, significaba en origen errante. Por antonomasia, nos referimos después a la Tierra con este sustantivo cuando hablamos del calentamiento o al futuro del planeta. Y por intuición, José Manuel Lara tomó esta palabra en 1949 para bautizar la editorial que creó y dejar clara su vocación planetaria, impensable en un país que aún vivía en la autarquía.
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Es curiosa también la etimología de la palabra satélite, que proviene del latín 'satellitis', con la que los romanos designaban a los soldados de la escolta de un emperador. Por la vía de la metáfora, satélite nombró a los cuerpos que orbitan en torno a un planeta, una especie de escolta celestial. Y más tarde, metáfora sobre metáfora, fuimos hablando de países, ciudades o partidos satélites y de satélites artificiales. Durante todo el siglo XIX satélites eran solo "las cuatro "estrellas" pequeñas que acompañan a Júpiter y otras cinco que andan alrededor de Saturno", según el diccionario. Porque el sol y la luna eran considerados planetas. El sol, "el principal de los siete planetas"; la luna, el "que puso Dios en el cielo para que presidiese la noche". Los astrónomos, gracias a dios, fueron precisando conceptos poco a poco.
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