El Arca de la Misericordia de Huércanos es uno de los pocos edificios de esta tipología que quedan en España
El edificio ha entrado a formar parte de la Lista Roja del Patrimonio de Hispania Nostra
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El Arca de la Misericordia de Huércanos es uno de los pocos edificios de esta tipología que quedan en España
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Las “Arcas de la Misericordia” fueron unas instituciones benéficas que nacieron para servicio y ayuda de los labradores pobres, fundadas la mayoría por personas piadosas. A través del préstamo de trigo, en una economía sujeta a la climatología irregular, estas cajas de previsión agrícola posibilitaban la siembra y el pan para muchas familias sin recursos. Será el obispo de Calahorra y la Calzada, Juan Bernal Díaz de Luco (1544-1556), el que reglamente mediante unos estatutos, su funcionamiento en el año 1547, si bien muchas de ellas funcionaban ya anteriormente. Los patronos de las mismas, el párroco y el alcalde, formaban una lista de los necesitados señalando las fanegas que debían percibir por san Miguel (29 de septiembre), tiempo que “se comienza la sementera”, y en mayo “por la mayor carestía”; no más de tres fanegas de trigo por campaña. Un encargado asalariado realizaba los préstamos y la anotación en el libro de cuentas, reflejando la cantidad, día, firma y persona que recibía; la cual debía devolver el trigo para la Virgen de septiembre.
Los fundadores del Arca de Huércanos fueron Martín Romero y María Andrés, casados el ocho de julio de 1582, a través de un testamento (29 de mayo de 1599), y de un codicilo (16 de febrero de 1625). Además de varias mandas pías, legan cien fanegas de trigo para el Arca y, de sus bienes, una casa para el almacenamiento del trigo. Martín Romero fallece el 18 de febrero de 1625 y su mujer María Andrés el 20 de noviembre de 1630. La fecha fundacional del Arca de Huércanos es el 14 de octubre del año 1638. Este año se reparten 113,5 fanegas de trigo entre 111 personas. El licenciado y beneficiado Juan de la Torre, heredero de los fundadores, había entregado las 100 fanegas y comprado una casa para la sede. Según parece, este sitio era muy húmedo y a pesar de los reparos anuales para preservar el grano de la humedad siempre padecían el mismo defecto. De esta manera, el párroco Diego Rodríguez y el alcalde Juan Marín de Alvear, como administradores del Arca, convienen vender la casa y construir una nueva en “la obra que se fabrica en el sitio y parte donde llaman San Roque, por ser muy apropiado para conservar el pan”.
Tras superar los siglos XVII y XVIII, la llegada del convulso siglo XIX significa la desaparición de tan venerable institución. En el año 1800 no se hizo distribución de trigo, ya que la villa solicitó del Tribunal eclesiástico permiso para vender 300 fanegas del Arca. El Estado, con una economía arruinada, solicitó de las villas y ciudades un cargamento de 300 millones de reales. A Huércanos le tocó pagar 7.000 reales; pero, imposibilitado para costear dicha cantidad, recurrió al Tribunal, que le concedió licencia en calidad de reintegro.
Las malas cosechas, la situación precaria de los agricultores por los altos precios del trigo y los muchos tributos reales, demoraron la devolución. No obstante, se recuperaron 26 fanegas, que fueron vendidas; de igual forma, con los 262 reales que restituyeron algunos vecinos se compraron 10 fanegas y media de trigo en 1806, a 25 reales la fanega, las cuales fueron repartidas por el cura a los vecinos.