Gloriosamente sucia
"No sentí nostalgia ni pena. Te había olvidado por completo. Como alguna vez olvidaré este presente interminable, estos días herméticos en los que no se mueve nada"
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La periodista argentina Leila Guerriero / Cadena SER
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Buenos Aires
“Mirá, me decías, ¿sentís mi corazón?”. Yo lo sentía, pero decía que no. No quería nada que viniera de vos, nada que pudiera salir de ese cuerpo y clavarse en mi cabeza, en esa zona blanda donde se mueve todo lo que importa. Quería seguir siendo un murciélago, una brasa viva, cantar en los semáforos de la madrugada las canciones de Los héroes del silencio, de Los redonditos de ricota, todo a los gritos, todo repleto del aroma adictivo de la destrucción, de la euforia de la noche brava. Quería seguir anotando teléfonos -como anoté el tuyo- en mi camiseta después de bailar hasta el amanecer en un bar de mala muerte que quedaba en un pasaje oscuro. No tenía tiempo para tus flores, ni para tus regalos, ni para que me hablaras de filosofía o de política, ni para que me contaras de vos o de lo que sentías, ni para conocer a tu madre, ni para ir al parque a tumbarnos al sol, ni para viajar sentada sobre tus rodillas en el colectivo hablando sobre Derrida o Roland Barthes. No quería que me fueras a buscar a la salida de la facultad, ni que te quedaras a dormir en mi casa, no quería nada que no fueran las pasos rápidos por habitaciones de las que me iba en silencio, apagando cigarros imaginarios en ceniceros imaginarios, urgida de irme a otro sitio, a un lugar que te borrara porque no te quería, no te necesitaba, no deseaba más que lo que ya tenía: llegar sin pedir permiso, irme sin decir adiós. Eran los años crudos. Quizás las cosas debieron haber sido más amables. Al final, hubo una llamada telefónica sin gritos, sólo afabilidad y terror, y eso fue todo.
Te escuché en la radio, el otro día. Tan serio, tan inteligente, tan político, igual a entonces. No sentí nostalgia ni pena. Te había olvidado por completo. Como alguna vez olvidaré este presente interminable, estos días herméticos en los que no se mueve nada, en los que todo permanece, en los que extraño aquel pasado, no por vos, sino por el olor gloriosamente sucio de la libertad en que vivía.
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