Lágrimas en la lluvia
Casado, Rivera y Abascal van a asombrarnos, día a día, aunque habrá que implorar para que sus ocurrencias se pierdan el 28-A como lágrimas en la lluvia
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Madrid
¿Puede ser presidente de un país un mentiroso compulsivo? La respuesta, después de Donald Trump, es sencilla. Sí, desde luego. Así que no hay razón alguna para que Pablo Casado, mil palabras por minuto, como los buenos vendedores de crecepelo, podrá ocupar, si los ciudadanos españoles así lo desean, el sillón de la Moncloa. Entonces, se preguntan ustedes, ¿da igual que el candidato a presidir esa España que tanto quieren y que los demás, según ellos, odiamos, mienta en el número de empleos, en cómo aplicar el 155, en achacar acuerdos a quien no los hizo, en negar la evidencia, puros datos, de que su partido baja y baja? Exactamente. No importa un ardite. ¿Y puede llegar a gobernar ese mentiroso compulsivo que hemos citado, sirviéndose, además, de los votos de la extrema derecha xenófoba y homófoba? Claro que puede.
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Nada de lo visto y oído hasta ahora debe alterarnos en demasía, porque en esta campaña electoral vamos a contemplar cosas que ustedes no creerían. La menor, ver rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Casado, Rivera y Abascal van a asombrarnos, día a día, aunque habrá que implorar para que sus ocurrencias se pierdan el 28-A como lágrimas en la lluvia. Por cierto, ¿alguien podría enseñar al entrevistador de TVE que su función debe ser frenar al boquirroto y apretar al escapista?