La amenaza interior
La Unión Europea, atenazada por la cautela y las divisiones internas, no defiende sus valores y se convierte en su peor amenaza. Los jefes de estado y de gobierno han optado por la prudencia frente a Trump.
El faro de Patiño - Donald vs. Donald
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Madrid
En vísperas de la reciente cumbre de Malta, el Presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, se aventuró a advertir que la llegada de su tocayo a la Casa Blanca supone "una amenaza exterior". No está claro si el político polaco elevó el tono porque se trata de una evidencia geopolítica o porque quiso demostrar que aún está vivo al frente de un organismo comunitario que controlan los estados miembros. De hecho, los 28 jefes de estado y de gobierno rebajaron a "carta personal" la advertencia y volvieron a situar a Tusk entre los candidatos a ser sustituido por un socialdemócrata y restablecer así el equilibrio entre las dos grandes familias políticas de la Unión, roto por la llegada del "populero" Tajani a la presidencia del Parlamento Europeo.
El caso es que, al margen, del tactismo partidista, los jefes de estado y de gobierno han optado por la prudencia frente a Trump y, una vez más, renuncian a defender los valores europeos. Unos valores ausentes también en el intento de colmatar la vía migratoria abierta en el Norte de África. La Unión Europea ofrece dinero y mira para otro lado sobre Libia, un estado fallido donde un "black" -como decía un subsahariano rescatado esta semana- es menos que cero.