Federer le enseña el copyright a Dimitrov
Roger Federer es único, como los Beatles también lo eran. Se puede admitir que de ellos hayan derivado productos parecidos, con influencias, incluso sucedáneos, pero ni siquiera los chinos serían capaces de copiarlo y acercarse. Esto se demostró este viernes noche en Basilea, donde un eléctrico Federer se afanó para inclinar a Dimitrov, un jugador que se le parece mucho, pero con algunas condiciones diferentes.
A Roger se le da bien el final de temporada, desde siempre. Su tenis, menos físico que el del resto de jugadores, se resiente menos ante el cansancio acumulado y es con la llegada del otoño cuando suele aparecer el gran Federer. Frente a él tenía a Dimitrov, un jugador con golpes calcados a los suyos pero aún por terminar de pulir. El azar destinó que este curioso partido se jugara en Basilea, hogar de Federer.
Empezó el partido igualado, tanteándose ambos jugadores después de horas de ruido informativo y comparaciones constantes de su juego. Las diferencias, más allá de los fotomontajes, son ostensibles. Grigor pega muy fuerte, sus golpes quedan bonitos y muy plásticos, pero carece de algunos recursos que irá ganando con la experiencia.
En el segundo Roger se enfrentó a su mayor rival a estas alturas, a sí mismo encarnado en un búlgaro de diez años menos que él. Se dejó romper el saque y jugó a remolque todo un set, viendo como su rival cometía algunos de los fallos que le han lastrado esta temporada: la precipitación en mayor medida.
Con 5-3 Dimitrov tiró a la basura tres bolas de set. Más tarde, con 5-4 cometió una desafortunada doble falta, y acabó de perder el choque cediendo su servicio al rematar un globo que podría irse largo. El partido llegó al tie break y ahí se acabó, con un Roger muy entonado, rápido y seguro de sí mismo. Federer tiene copyright y su patente parece que aun aguantará un tiempo.