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El Nadal kamikaze

Rafa Nadal ha vencido en Montreal y Cincinnati cambiando aspectos fundamentales de su juego, siendo más ofensivo y desbocado que nunca.

Control, ese es el concepto en torno al cual ha girado la exitosa carrera de Rafa Nadal. Control mental, control del tiempo, control del servicio, control de las dos botellas delante de su silla, control del partido en líneas generales. Sin embargo la derrota en Wimbledon mandó al garete parte de esa idea trayendo a Montreal y Cincinnati otro Nadal, quizás el más ofensivo de su carrera.

Nadie es capaz de explicar por qué perdió Nadal aquel partido con Darcis en Wimbledon, ni siquiera él se pone de acuerdo con su tío, crítico mordaz con el rendimiento de su sobrino aquel día. Desde entonces, un mes de palabras y ni una aparición de Nadal, recluido, de vacaciones silenciosas.

Las dudas que suscitó ese partido pusieron el punto de mira en su debut en Montreal. Levine, Janowicz, Matosevic, jugadores muy buenos en pista dura, todos ellos fueron arrasados por Nadal. Algo estaba cambiando, ganó igual que casi siempre, pero el método estaba cambiando. Tanto que acabó ganado Montreal y Cincinnati, del tirón.

La primera gran novedad, a simple vista, está en sus rodillas, maltrechas y foco de las preguntas de los periodistas. Nadal apareció en Montreal a pelo, sin esa cinta que él mismo confirmó en Madrid que no valía “para nada”. Nadal arrancó así un viaje sin paracaídas, sin freno de mano, olvidando el control.

Estos dos torneos son tradicionalmente aciagos para los españoles, calurosos y rapidísimos, favorecen a los sacadores, y Nadal se tomó la premisa al pie de la letra. Apretó el saque como nunca, arriesgó con el segundo y apenas jugó con margen, mejor fallar que sufrir psicológicamente por perder un punto a causa de ser conservador.

Primer juego con Dimitrov, tercera ronda de Cincinnati. Nadal se lo lleva en blanco, gracias a dos puntos de saque y otras dos derechas demoledoras, sigue siendo Rafa, su versión más agreste. Así Nadal ha ido dejando gotas de un tenis más agresivo, distinto, más tendente a acabar los puntos rápido y en la red.

El último síntoma del cambio es el control del tiempo. Nadal ha sacado más rápido que nunca en estas dos semanas, sin agotar esos 25 segundos (salvo con Isner, donde recibió un warning), frenético, como las pistas. Y aun así Nadal ha seguido ganando los puntos importantes, tomando las decisiones acertadas. Nadal también puede ser un jugador ofensivo, el tiempo lo dirá, por el momento es un kamikaze que ha abandonado sus costumbres.

 

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