Murray, en el sitio adecuado pero nunca en el momento oportuno
La historia del tenis está repleta de grandes jugadores que se toparon con otros un pelín mejores que ellos justo delante de la puerta que da acceso a la historia de este deporte. Andy Murray, a sus 25 años, vio este domingo como por cuarta vez consecutiva se le negaba un gran triunfo.
El escocés, forjado desde los 14 años en la academia Sánchez-Casal de Barcelona, nunca terminó de asumir la tradición de tenis en tierra de su país de acogida. Su tenis, agresivo y algo visceral no se presta al esfuerzo continuado y de paciencia del tenis en arcilla. Una rémora que llevó a Murray a obsesionarse con ello y buscar consejo en Álex Corretja. Tras un obstinado trabajo, en el Dunblane aún no ha sido capaz de levantar un título en tierra.
“Los cuatro primeros son de otro mundo” suele decir David Ferrer, frenado la mayoría de veces por alguno de ellos. Algo parecido debe pensar Andy de los tres primeros con quienes acumula 29 derrotas por 18 victorias. A finales de 2.011 y tras un tiempo algo ofuscado, Andy confío su tenis a Ivan Lendl. Empeñado en el aspecto mental, Lendl ha conseguido que Andy saliera con mejor ánimo de la larga temporada de tierra, donde sus resultados siempre son más discretos.
En Wimbledon Murray logró algo que siempre ha tenido en el debe, ser mejor que su rival en los momentos delicados. Así ganó a Ferrer y a Tsonga, pese a que este segundo también hizo bastante por perder. Tras cuatro sets, perdió su cuarta final, las mismas que perdió su entrenador antes de levantar su primer título. Una casualidad dolorosa aunque esperanzadora, después los cuatro golpes, el checo levantó ocho ‘grandes’.
“Estoy más decidido que nunca” titula Murray su columna de este lunes en la web de la BBC en un texto que derrocha sentimientos y ganas de superación. Seguramente la derrota de ayer sea la más dolorosa de la carrera de Andy, pero sin duda también es la más valiosa. Pues ha logrado unirle por fin a un público que no terminaba de creerse a su tenista y con quien mantenía una relación de amor odio. No habrá ganado el torneo, pero si ha convencido a todos de que puede hacerlo.