John Isner, el Gulliver del tenis
“Mi superficie favorita es la tierra batida”, así de inesperado es John Isner, un gigante de 2,06 que lleva unos meses empeñado contradecir las reglas físicas que rigen el tenis actual. El pasado fin de semana, Isner se ocupó de eliminar de la Copa Davis a Francia en Montecarlo desquiciando a Simon y Tsonga, dos jugadores con mejores resultados en arcilla que él.
La carrera de Isner es la de un tenista cuajado a fuego lento. Con 22 años (una edad muy tardía), sus estudios acabados, y una larga trayectoria a sus espaldas en el circuito universitario americano, saltó al tenis profesional. Desde ese 2007, su progresión está resultando tal, que se le está empezando a desclasificar de ese grupo de sacadores para empezar a formar parte de esa nómina de tenistas que prefieren pelotear y llevar la iniciativa.
Aquel interminable partido frente a Mahut en Wimbledon lo lanzó a la primera línea mediática, pero no fue hasta el pasado año cuando obligó a Rafa Nadal a jugar cinco sets en París cuando vimos al verdadero Isner. Más que al verdadero, al que el propio Isner está tratando de definir, al evolucionado Isner. Este 2012 parece su año, de hecho es el único que ha sido capaz de vencer a Djokovic y a Federer por el momento. Aunque el suizo le privara en su segundo envite de levantar el título en Indian Wells.
Esta semana arranca la temporada de tierra y el gigante Isner prosigue su viaje con el objetivo de asaltar el noveno puesto del ranking ATP. De la eliminatoria de Davis en Montecarlo ha viajado a Houston, desde donde al acabar el torneo volverá a Montecarlo para jugar el Masters. El Gulliver del tenis ya ha encontrado su Lilliput, y parece que allí se juega sobre arcilla