La violencia altera los genes humanos durante generaciones
Por primera vez lo demuestra una investigación realizada por la Universidad de Florida
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Es la primera vez que en los seres humanos se detectan cambios en los genes debido a acciones violentas / GETTY
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En 1982, el gobierno de Siria atacó y sitió la ciudad de Hama matando a decenas de miles de personas. Cuatro décadas después, un equipo de científicos de la Universidad norteamericana de Florida ha analizado los genes de los nietos de mujeres que se quedaron embarazadas durante este violento asedio.
Estos niños y niñas no sufrieron la violencia de ese ataque, pero estos investigadores de Estados Unidos han detectado cambios genéticos en 14 zonas de su genoma. Y esta es la primera vez que en los seres humanos se detectan cambios en los genes debido a acciones violentas, porque, hasta ahora, solo se había detectado este fenómeno en animales.
Por lo tanto, queda demostrado que los actos de violencia (por ejemplo, en las guerras) son capaces de alterar los genes humanos, incluso, durante generaciones, porque estas marcas se transmiten de padres a hijos.
Efecto oculto
Este es otro de los efectos negativos y duraderos de la violencia que estaba, hasta ahora, “oculto” en lo más profundo de los genes de las familias de Siria. Al menos, este nuevo descubrimiento científico puede servir para prevenir nuevos conflictos bélicos.
“La idea de que el trauma y la violencia pueden tener repercusiones en las generaciones futuras debería ayudar a las personas a ser más empáticas y a los responsables de las políticas a prestar más atención al problema de la violencia”, afirma la doctora Connie Mulligan, profesora del Instituto de Genética de la Universidad de Florida y autora principal de este nuevo estudio.
Estos cambios genéticos provocados por la violencia, según esta investigadora, podrían ayudar a explicar algunos de los ciclos intergeneracionales “aparentemente inquebrantables de abuso, pobreza y trauma que vemos en todo el mundo, incluso en Estados Unidos”.
Cómo cambian
Los genes se pueden modificar a través de un sistema conocido como “epigenética”. En respuesta al estrés u otros tipos de eventos violentos, nuestras células pueden agregar pequeñas señales químicas a los genes y esto puede calmarlos o, por el contrario, alterar su comportamiento.
La doctora Mulligan y su equipo buscaban estas señales químicas en los genes de las familias sirias. Mulligan trabajó con la doctora Rana Dajani, bióloga molecular de la Universidad Hachemita de Jordania, y la doctora Catherine Panter-Brick, antropóloga de la Universidad de Yale, para llevar a cabo este singular estudio.
La investigación se basó en el seguimiento de tres generaciones de inmigrantes sirios, que habían sufrido el ataque a la ciudad de Hama antes de huir a Jordania. Además, también se analizó a otras familias que no estuvieron en el asedio de Hama, pero sobrevivieron a la reciente guerra civil contra el régimen de Asad.
El equipo recopiló muestras de abuelas y madres que estaban embarazadas durante los dos conflictos, así como de sus hijos. Mientras tanto, también participó en esta investigación un tercer grupo de familias que había emigrado a Jordania antes de 1980, evitando así las décadas de violencia en Siria. Estos primeros inmigrantes sirvieron como un punto de referencia crucial para compararlos con las familias que habían experimentado la violencia de la guerra civil. En total, se tomaron muestras de 138 personas de 48 familias.
De regreso en Florida, el laboratorio de Mulligan escaneó el ADN de estas personas en busca de modificaciones epigenéticas provocadas por la violencia que habían sufrido estas familias sirias.
Importantes hallazgos
En los nietos de los supervivientes del asedio de la ciudad siria de Hama, los investigadores descubrieron 14 zonas del genoma que habían sido modificadas en respuesta a la violencia sufrida por sus abuelas.
Estas 14 modificaciones demuestran que los cambios epigenéticos inducidos por el estrés pueden aparecer en las generaciones futuras, al igual que en los animales. El estudio también descubrió 21 sitios epigenéticos en los genomas de personas que habían experimentado directamente la violencia en Siria.
En un tercer hallazgo, los investigadores informaron que las personas expuestas a la violencia mientras estaban en el útero de sus madres mostraron evidencia de envejecimiento epigenético acelerado, un tipo de envejecimiento biológico que puede estar asociado con la susceptibilidad a las enfermedades relacionadas con la edad.
La mayoría de estos cambios epigenéticos mostraron el mismo patrón después de la exposición a la violencia, lo que sugiere un tipo de respuesta epigenética común al estrés, que no sólo puede afectar a las personas directamente expuestas al estrés, sino también a las generaciones futuras.
“Creemos que nuestro trabajo es relevante para muchas formas de violencia, no solo para los refugiados. Violencia doméstica, violencia sexual, violencia con armas de fuego: todos los diferentes tipos de violencia que tenemos en Estados Unidos”, añade la doctora Mulligan.
Efectos perjudiciales
Sin embargo, aún no está claro qué efecto tienen estos cambios epigenéticos en la vida de las personas que los llevan en su genoma. Pero algunos estudios han encontrado un vínculo entre los cambios epigenéticos inducidos por el estrés y enfermedades como la diabetes.
De hecho, un famoso estudio sobre supervivientes holandeses de una hambruna durante la Segunda Guerra Mundial demostró que su descendencia portaba cambios epigenéticos que aumentaban sus probabilidades de tener sobrepeso más adelante en la vida. Por lo tanto, es probable que algunas de estas modificaciones genéticas puedan afectar a nuestra salud, según los resultados de esta investigación pionera que ha sido apoyada por la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos y publicada en la revista científica Scientific Reports.
No obstante, estos investigadores piden que se realicen más estudios para poder determinar los efectos duraderos de las guerras y los trauma que causan en nuestros genomas.
La doctora Mulligan y sus colaboradores también se sorprendieron por la perseverancia de las familias con las que trabajaron. “En medio de toda esta violencia, aún podemos celebrar su extraordinaria resiliencia. Viven vidas plenas y productivas, tienen hijos y mantienen sus tradiciones. Han perseverado”, concluye Mulligan. Y esto demuestra que la resiliencia y la perseverancia son un rasgo exclusivamente humano.
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Javier Gregori
Periodista especializado en ciencia y medio ambiente. Desde 1989 trabaja en los Servicios Informativos...