Abascal se refugia en la ultraderecha europea para pasar página de la crisis interna en Vox
El líder de Vox reúne en Madrid a Viktor Orbán, Marine Le Pen, Matteo Salvini y otros líderes de Patriotas, el nuevo partido de la ultraderecha europea

Viktor Orbán, Santiago Abascal y Marine Le Pen, en la cumbre de Patriots en Madrid el 7 de febrero de 2025. / VOX

Madrid
La mañana del pasado lunes, mientras Ana Rosa Quintana entrevistaba a Isabel Díaz Ayuso en Telecinco, un imitador de Donald Trump —Carlos Latre, disfrazado— apareció en el plató. "¿Cómo estás? Encantado de conocerle", dijo Ayuso, en inglés. "Eres la próxima presidenta de España", le contestó él. En los rótulos del programa se podía leer "Isabel Díaz Ayuso, cara a cara con Donald Trump".
En Vox vieron la oportunidad al instante. El partido guarda como oro en paño las pocas interacciones que ha tenido con Trump y, cada vez que tiene oportunidad, las saca a circular. Esta era una de esas ocasiones. "Algunos solo se pueden conformar con imitaciones", escribió el partido en X, acompañando la foto de Ayuso y el falso Trump con un vídeo de un discurso del presidente de Estados Unidos en el que menciona a Santiago Abascal.
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El líder de Vox lleva meses centrado en su proyección internacional, dedicando buena parte de su agenda y actividad en redes sociales a presumir de sus aliados de la ultraderecha mundial. Después de viajar a Estados Unidos a la inauguración de la nueva administración Trump, el evento estrella es el de este fin de semana: una cumbre en Madrid de Patriots, el partido de la ultraderecha europea que agrupa a Viktor Orbán o Marine Le Pen, y que Abascal preside.
La cumbre arranca este viernes, con una reunión de trabajo y una cena a la que acude también el presidente de la Fundación Heritage, la máquina ideológica que está detrás del proyecto de Trump. El sábado celebran una especie de macro mitin en el que participan 11 líderes políticos. Los platos fuertes los han dejado para el final, con los discursos de Le Pen y Orbán, y la clausura a cargo de Abascal.
Vox tenía todas las de ganar esta semana, con Abascal haciendo de anfitrión de algunos de los perfiles más influyentes de la extrema derecha, pero el acto se ha visto empañado por la salida de Juan García-Gallardo, el hasta hace unos días líder de Vox en Castilla y León, que ha acaparado todas las miradas poniendo el foco, una vez más, en la falta de democracia interna de la formación. “Esto daña la imagen del partido, pero no demasiado”, explica Anna López, doctora en Ciencia Política y experta en extremas derechas. “A su electorado, la falta de liderazgos o incluso los casos de corrupción no le desmovilizan”.
Vox vive de su marca política y, ahora, con Trump en la Casa Blanca, el algoritmo de Elon Musk a su disposición y la ultraderecha fuerte en Europa, la corriente está a su favor. En la dirección de la formación son conscientes y están dispuestos a aprovecharlo, imitando la retórica y las propuestas radicales del presidente de Estados Unidos. El lema del evento es, de hecho, una copia del de Trump: Make Europe Great Again (hacer Europa grande de nuevo). Y Vox lleva meses centrando su actividad política en su posicionamiento antiinmigración, en línea con lo que está haciendo el presidente de Estados Unidos. "Lo que quieren reforzar es la marca y los grandes temas que saben que movilizan, porque en las grandes crisis, la extrema derecha es la que está ganando", apunta López.
"Vox puede dispararse"
La presidencia de Trump le sirve a Vox para legitimarse como opción política, pero también para distanciarse del Partido Popular, que carece de referentes internacionales y es algo más ambiguo en temas delicados, como la inmigración. Esa indefinición, según explica Anna López, solo beneficia a la extrema derecha, dispuesta siempre a asumir el discurso más radical. “Las posiciones sólidas son las que más premia el votante”, apunta. Aun así, Vox, aunque está creciendo en las encuestas, no consigue superar el 15% de intención de voto. Mientras sus aliados europeos pelean por el primer o segundo puesto, en España siguen siendo tercera fuerza. López llama a no banalizar ese porcentaje. Si las elecciones suceden en un contexto de crisis, Vox puede dispararse. "Es lo que nos dice la experiencia europea", advierte.
A la cumbre de este fin de semana acuden el presidente húngaro, Viktor Orban; la líder del Reagrupamiento Nacional francés, Marine Le Pen; el vicepresidente italiano, Matteo Salvini; y otros líderes de la extrema derecha europea, como el holandés Geert Wilders. Todos forman parte de Patriotas por Europa, un nuevo partido que agrupa a 15 formaciones de ultraderecha y que es el tercer grupo más numeroso del Parlamento Europeo. El evento no solo sirve para acaparar atención mediática y marcar agenda con propuestas radicales, también, recuerda Anna López, para “fortalecer nuevas alianzas económicas”.
Una de las grandes ausentes de la cumbre va a ser la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, que no forma parte del partido. En julio de 2024, después de las elecciones europeas, Vox tomó la decisión de unirse a Patriotas y abandonar a los Conservadores y Reformistas, el grupo de Meloni. Fue una decisión arriesgada, con la que Vox buscaba afianzar su relación con Orbán, uno de los principales aliados de Trump en Europa, a riesgo de perjudicar su vínculo con Meloni. Ahora, Abascal preside Patriotas y Trump está en la Casa Blanca. "Parece que les ha salido bien", apunta Jaime Bordel, investigador de la Universidad Autónoma de Barcelona y autor del libro Salvini y Meloni. Hijos de la misma rabia. "La victoria de Trump coloca a este grupo en una posición muy buena y muy distinta de la que habían tenido en otras legislaturas. Son los que tienen una relación a priori más fluida con la administración americana", explica.
Bordel cree, de hecho, que la presidencia de Trump puede servir para que se produzca un acercamiento entre las dos familias de la extrema derecha europea. Es complejo porque las diferencias entre los dos grupos son numerosas e importantes, pero ahora tienen la alianza con el presidente de Estados Unidos en común. "La presencia de Trump en la Casa Blanca lima las asperezas entre los dos grupos", argumenta este investigador. Abascal, como presidente del partido, sirve ya de puente entre la extrema derecha europea y la latinoamericana; la duda es si puede tener también un papel similar en el Parlamento Europeo siempre y cuando consiga mantener una buena relación con Meloni.

Sara Selva Ortiz
Redactora de la sección de Nacional. Antes trabajó en el equipo de Hoy por Hoy, en Economía, en Informativos...