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Mel Brooks y la loca historia de su vida sustentada en la comedia

La editorial Libros del Kultrum publica ‘¡Todo sobre mí!’, el libro de memorias en el que Mel Brooks repasa su intensa carrera siempre apostando por la comedia

Mel Brooks en el set de rodaje de 'El joven Frankenstein' / CEDIDA

Mel Brooks en el set de rodaje de 'El joven Frankenstein'

Las memorias de los grandes cómicos son casi un género literario en sí mismo. A las de Groucho Marx o Woody Allen, se suman ahora las de Mel Brooks, cómico neoyorquino que a sus 95 años sigue en activo. Acaba de publicar en la editorial Libros del Kultrum en España, ¡Todo sobre mí. Mis memorables gestas en el universo mundo del espectáculo, después de que salieran en Estados Unidos.

Brooks es conocido por la serie Superagente 86 y por sus películas cómicas, algunas tan conocidas y citadas como Los productores (1967), Sillas de montar calientes, El jovencito Frankenstein (ambas de 1974), La última locura (1976), Máxima ansiedad (1977) o La loca historia de las galaxias (1987). Sin embargo, su carrera abarca mucho más, antes y después de tener éxito con esos títulos que llegaron al público. Por ejemplo, ha puesto voz a títulos de animación como Toy Story y Hotel transilvania. Y antes incluso de todo eso, comenzó a escribir stand up comedy en Nueva York, su ciudad.

Las suyas no son unas memorias tristes, sino alegres. A pesar de haber nacido en la pobreza de Brooklyn, de haber tenido que combatir en la Segunda Guerra Mundial. Su vida es un recorrido por las bambalinas del pasado siglo, y su forma de contarlo no cae ni en la nostalgia, ni en el drama, ni en el ensimismamiento. Melvin era el cuarto hijo de Max y Kate Kaminsky, procedentes de familias de emigrantes europeos (polaco-alemanes y ucranianos) que sobrevivieron al rechazo y la miseria. Cuando él tenía solo dos años, su progenitor falleció de cáncer y su familia comenzó a mudarse frecuentemente hasta que finalmente se establecieron en Williambsburg, un barrio modesto que hoy es emblema de la modernidad en la ciudad de los rascacielos. "Descubrí que mi humor viene de la ira y la discordia. En Williamsburg aprendí a hacerme el gracioso para ahorrarme problemas y palizas", cuenta el autor en el libro donde confiesa haber sufrido acoso en el colegio.

La parodia y la farsa han sido su fuerte. Eso hacía junto al famoso cómico Sid Caesar, una leyenda de la televisión americana, con el que debutó. A él le escribió algunas de las mejores escenas. Parodias de películas clásicas de Hollywood, muchas de ellas. Chistes de judíos en otros casos. Brooks era judio y en los clubes de vacaciones judíos, en Castkills, aprendió eso del humor. Con Caesar trabajó en Your Show of Shows, un programa de principios de los 50 en la NBC. Allí conoció a muchos cómicos que después harían carrera en el cine, la televisión o la literatura. Entre ellos a un joven Woody Allen que se empeñaba en acompañarle a casa al salir del trabajo.

Allí conoció también a su gran amigo, Carl Reiner, con el que creó The 2000 Year Old Man, uno de los sketches de comedia más populares de todos los tiempos, que se grabó y se vendió. Lo que sería hoy un podcast de éxito. Su amistad continuó hasta 2020, cuando Reiner falleció. Hasta entonces se veían cada semana. Solo hay palabras de amor y agradecimiento al cómico en este libro, así como una transcripción de algunos de los mejores momentos que crearon juntos.

La figura de Hitler empieza a aparecer en sus chistes. Quedó impresionado tras descubrirse la existencia de los campos de exterminio. "Solo hay una manera de estar en paz y es ridiculizarlo. Ese ha sido mi objetivo: conseguir que todo el mundo se ría de Adolf Hitler". Y así lo hizo. En sus primeros chistes y guiones, pero también en su cine. En Los productores se prepara una comedia mala, que dará mucho dinero, y no es otra cosa que un musical sobre Hitler. Hay algo similar en Mel Brooks en usar el cine como venganza. La comedia en su caso. Es lo que confiesa Spielberg en Los Fabelman, su última película que hizo en sus inicios. El cine para vengarse de los que le acosaban en el colegio, o los chistes en el caso de Brooks, y para vengarse del gran enemigo de su pueblo, el dictador nazi.

Después, la parodia volvería a centrar su carrera en el cine, como hizo en El jovencito Frankenstein. Desde los cinco años, escribe en el libro, estuvo obsesionado con el monstruo. Acababa de verlo en el cine con su hermano y por la noche tuvo miedo de que trepara hasta su cama. Le devolvió, a modo otra vez de venganza, aquel susto en su comedia de terror en blanco y negro que parodiaba el clásico de Mary Shelley. La idea surgió en el rodaje de su filme anterior, Los productores, una comedia sobre un productor de musicales estafador y un contable tímido y nervioso que encuentran la más grande estafa jamás creada. Con ella ganó un Oscar por el guion. La última locura fue un homenaje satírico al cine mudo norteamericano. En Sillas de montar calientes parodió el wéstern y la ciencia ficción en La loca historia de las galaxias, una comedia sobre la obra de George Lucas, con la princesa Vespa. Cuenta en las memorias que a Lucas le pareció todo bien, pero le pidió que no se le ocurriera hacer merchandaising, algo que Brooks el prometió, pero lo que no le contó es que haría una escena sobre eso mismo. Por cierto, que con esta película cuenta una anécdota significativa. Hay una escena en la que se habla de la velocidad de la luz y la velocidad ridícula. Frase que pasó a la posteridad y que Elon Musk agregó a los coches Tesla.

Fue en Máxima ansiedad cuando homenajeó a su admirado Alfred Hitchcock, de quien recibió consejos y tuvo una cordial relación. "Creo que le divertía mi humor zafio de Brooklyn", escribe. Comieron varias veces en Hollywood y el mago del suspense se deshacía en elogios para Brooks. Drácula, con Leslie Nielsen en el traje del siniestro conde, Robin Hood y hasta la historia del mundo se las vieron con las ganas de parodia de Brooks, que se divirtió en su cine, tal y como cuenta en sus memorias. Brooks siguió situándose en la silla del director y al frente del reparto en La loca historia del mundo, visión irreverente de la evolución de la historia. En ¡Qué asco de vida!, encarnó él mismo a un multimillonario que se apuesta con un socio sobrevivir sin dinero durante 30 días en uno de los barrios más pobres de Los Ángeles.

Forma parte de esos pocos privilegiados que han ganado todos los premios posibles, los EGOT, el acrónimo que distingue a los ganadores de un Óscar, un Emmy, un Tony y un Grammy. El éxito en Broadway de una de sus obras, la película Los productores convertida en musical, fue muy gratificante para Brooks. Algo que le acompañó en uno de los momentos más tristes de su vida personal, la muerte de su esposa. En el libro recuerda con cariño además otros premios, como el homenaje en el Kennedy Center en 2009 por su contribución a la cultura estadounidense. Un premio que rechazó cuando se lo ofreció George Bush. No quería nada de un presidente, confiesa en sus memorias, que había llevado de nuevo al país a la guerra. Como ex combatiente no podía aceptar algo así. Fue con Obama cuando recogió ese galardón.

Se emociona cuando cuenta cómo fue la recepción del prestigioso American Fil Institute Life Achievement Award en 2013. Fueron Spielberg, Scorsese, George Lucas a hablar de sus películas y su carrera que no solo se ciñó a la dirección o el guion, algo que defendía por encima de todo, el trabajo del guionista. Fue además, productor de películas como El hombre elefante (1980), de David Lynch, Frances (1982), de Graeme Clifford, o La mosca (1986), de David Cronenberg. También uno de los grandes divulgadores de la carrera de su hijo Max, el que le animó a escribir esta biografía en medio de la pandemia. Max es autor de libros como Guerra mundial Z o Guía de supervivencia zombie.

"Si puedes reír, puedes salir adelante", es quizá la frase que mejor resume el espíritu de Mel Brooks, que estuvo en sus gags, en su cine, en sus escarceos televisivos y a lo largo de estas divertidas e históricas memorias.

Pepa Blanes

Pepa Blanes

Es jefa de Cultura de la Cadena SER. Licenciada en Periodismo por la UCM y Máster en Análisis Sociocultural...

 

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