No te sientas más que nadie
La reflexión de Ana Díez, médico de familia
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La reflexión de Ana Díez, médico de familia / Cadena SER
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Valladolid
Cuando nacemos somos un cuaderno sin estrenar. Todo está por escribir. Todo por aprender. Lo bueno de la vida, pero, tristemente, también lo malo. Cuando nacemos no hay ni buenos ni malos.
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La opinión de Ana Díez, médico de familia
Somos todos iguales. No hay ricos ni pobres, no hay diferencias por cuestión de razas, o etnias, o posición social. Entonces, ¿por qué narices luego nos vamos contaminando con ideas, prejuicios y falsas creencias que impiden que realmente la vida sea agradable para todo el mundo?
Un gran porcentaje de personas rechaza la idea de ser racista. No lo reconocen como una característica propia de ellos. Pero, cuando se profundiza, afloran una y mil situaciones que demuestran justamente lo contrario.
A lo largo de la historia, se han dado hechos espeluznantes de discriminación por cuestión de creencias, lugar de procedencia, religión, sexo, ideas políticas, y muchas otras. No hace falta irse a tiempos muy remotos, donde todo se podría achacar a la ignorancia de los habitantes de la época. Tenemos muestras de esta terrible situación en todas las etapas de la historia, incluso en épocas recientes.
En los campos de concentración nazis, en las barbaridades a las que son sometidas tantas mujeres solo por el hecho de serlo, tantos homosexuales únicamente por sus sentimientos, en la segregación racial tan brutal como la que tuvo lugar en Sudáfrica, etc. En todos los países del mundo y todas las épocas podemos encontrar ejemplos de racismo o segregación por cualquier motivo.
Incluso en la actualidad, en una actividad como el deporte, que tendría que unir, también se dan con demasiada frecuencia numerosas agresiones verbales o incluso físicas hacia algunos jugadores de otro país o con otro color de piel.
No suelen considerarse inmigrantes a los que proceden de países del norte, pero sí a los del sur. Nadie pone pegas a la hora de mandar a su hijo a un colegio en el que hay niños de países del norte, o rubios, o con la piel blanca. Pero si es justo lo contrario, si son de piel más morena, si son del sur, empiezan a plantearse si es conveniente que su hijito se “mezcle con esa gente”.
Todos nos creemos más que los demás. Miramos por encima del hombro a los que creemos que son menos que nosotros. Pero, ¿menos en qué o por qué?; ¿quién decide quién es de primera o de segunda categoría?; ¿quién se cree con la potestad para decidir que está por delante de los demás?
He ido mezclando dos tiempos verbales: el pasado y el presente. Pero, desgraciadamente, esto continuará en el futuro. Las nuevas generaciones no son necesariamente mejores que las pasadas. Mantienen e incluso reactivan sentimientos, actitudes e ideas racistas y discriminatorias, de forma agresiva y utilizando las vías de comunicación actuales que contribuyen a difundir en muy poco tiempo y por todo el mundo no solo lo bueno, sino también lo malo.
El machismo, el racismo, la homofobia, aunque en algunas circunstancias se hayan normalizado, no por ello dejan de estar presentes y menospreciar a unas personas por encima de otras. Porque cuando todo esto se normaliza, resulta aún más complicado que desaparezca de entre nosotros, porque hay quien llega a aceptarlo como normal. Aunque no lo sea.
¡Ojo cuando llegue el verano y nos pongamos morenos por el sol! Quizás a más de uno los clasifiquen como de otra raza diferente y empiecen a sentir en sus propias carnes lo que sufren otros de forma continua. Quizás entonces aprendamos.