A Carmen Mari Mezquita Boiso
La opinión de Antonio Cepedello

Hoy por Hoy Andújar (15/11/2018)
El código iframe se ha copiado en el portapapeles
Andújar
No me gusta llamarle prima, porque me quedo cortísimo para lo que siento por ella. Es para mí una hermana, junto a las tres carnales que tengo más. La que he contado siempre a mi lado desde muy pequeño, en los momentos buenos, para pegarnos un baile desastroso, tras otro más desastroso todavía, y también en los malos, con sus dulces palabras de aliento, sus acertados consejos, sus entrañables muestras de cariño y su presencia física o al otro lado del teléfono.
Su humildad, su sencillez, su discreción y tantas otras cualidades suyas encantadoras me han llenado de ganas de vivir cuando menos las tenía, me han alegrado el corazón y me han provocado muchísimas carcajadas, pero de las sonrisas buenas y eternas que sólo puede sentir el alma.
Compartimos juegos desde muy pequeños. Cuando, por ser mayor que ella, me reía mientras daba culetazo tras culetazo para aprender a andar, aunque también le ayudaba después a levantarse y a esconder los destrozos ocasionados por sus caídas y travesuras, para que su madre, mi bendita tía María, no le regañara por haber tirado cualquier cacharro de la alfarería de su padre, mi inolvidable tío Enrique, al que se le caía la baba al verla, aunque le hubiera roto la mejor de sus jarras grotescas. Bueno, después llegó el torbellino de su hermana Eva, y ya en esa casa no quedó ni un ‘pitico’ de barro vivo.
Los terroristas genocidas del 36 le arrebataron a uno de sus abuelos, Antonio Mezquita Mezquita, muchísimo antes de nacer, pero ella guarda como oro en paño su última carta escrita poco antes de ser fusilado, cuando el estado de sus hijos y esposa le importaba más que su propia vida, y donde se encomendaba a la ‘Morenita’, de la que ella también es una fiel devota.
Está hecha un pedazo de fisioterapeuta, con una vocación desmedida y unas habilidades increíbles para sanar tanto los problemas de salud física como anímica de sus pacientes. Ha formado una familia ejemplar, con sus dos hijos, Santi y Kike, tan maravillosos como distintos, que han sacado todo lo bueno de nuestra querida Andújar y del Jerez de la Frontera de su padre Miguel.
No quiero cansarles más con tantos piropos para Carmen Mari Mezquita Boiso, porque no acabaría nunca y sería imposible reunirlos todos los que ella se merece en esta humilde dedicatoria por su cumpleaños.
Lo dicho, prima, que te quiero una ‘jartá’. Felicidades.
- ANTONIO CEPEDELLO