Los cortijos, un patrimonio en extinción
La opinión de Antonio García
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Hoy por Hoy Andújar (05/03/2018)
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Andújar
El cortijo, esa edificación que salpicaba de blanco nuestro olivares, estan empezando a formar parte del pasado.
Gran número de ellos sucumben por el abandono a que se ven abocados, ya que en estos tiempos, salvo en contados casos, no reunirían las condiciones mínimas exigibles para una habitabilidad digna.
Tan solo algunos, no solo que no han desaparecido, sino que se han modernizado y se han convertido en viviendas confortables con todas las comodidades que los tiempos actuales exigen.
Las connotaciones peyorativas de estas contrucciones, han venido dadas por considerarse antaño el feudo del señorito y el lugar de malvivencia del jornalero, que pasaba su vida apartado de la civilización.
Pero existe otra vesión, aunque no generalizada, de quienes vivieron muchos años en los cortijos y que cuando tuvieron que abandonarlos se dejaron parte de su vida y de sus recuerdos en ellos, pues no los dejaron por gusto, sino por las necesidades impuestas por los nuevos tiempos
En esto, como en todas las cosas de la vida, cada cual contará la feria como le fue.
Hace unos días, dando un paseo por el campo pase por delante del cortijo San Lorenzo, conocido en Arjona como la “Huerta del picaor”.Hacía mucho tiempo que no pasaba por allí y cuando cruzaba por delante de sus ruinas, se me agolparon un montón de recuerdos de juventud.
El primer sentimiento fue de nostalgia, al verlo casi caido y no por que yo tuviera ningún vinculo personal con este cortijo, sino porque en los años sesenta era el lugar donde los chavales mas osados ibamos a bañarnos por no haber otra cosa y cuando, a falta de pan como piscina pública, nos conformabamos con las tortas, en forma de alberca para el riego de la huerta.
Recordaba aquella insufrible vuelta al pueblo por la empinada e inacabable Cuesta del Parral a las tres de la tarde, con un sol de justicia que nos hacía pensar si realmente valía la pena el pan del baño por los coscorrones de la subida.
Recordaba aquel vestuario, por darle un nombre, solo que era un chozon de cañas donde nos cambiabamos, o el alquiler de los bañadores, que no eran otra cosa que calzoncillos tintados de azul.
Pero tambien entraba a valorar si el sabor de esa aventura de cada domingo de verano que nosotros vivimos, lo sentirán ahora los chavales que con todo tipo de comodidades van a la confortables piscinas públicas y sí cuando pase cierto tiempo recordarán sus baños con la misma intensidad que los de mi generación recordamos aquellos.
Creo que no y no entro a valorar si aquellos tiempos eran mejores que estos, posiblemente desde la visión materialista de la vida, no, pero si se mira a través del prisma de las vivencias y los sentimientos personales, yo, no los cambiaría.
- antonio garcía