‘Gibraltar: prepararse para un susto’
Con toda la que está cayendo, y no me refiero a la lluvia, no es de extrañar que quienes cuentan con buena información de verdad estén preocupados, más bien muy preocupados, por las consecuencias que puede llegar a tener el Brexit.
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Firma Luis Romero, 'Gibraltar: prepararse para un susto'
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Con toda la que está cayendo, y no me refiero a la lluvia, no es de extrañar que quienes cuentan con buena información de verdad estén preocupados, más bien muy preocupados, por las consecuencias que puede llegar a tener el Brexit. Y no solamente para el Reino Unido y para nuestros vecinos gibraltareños, sino para todos los europeos en general.
Pero como la información se convierte en mucho más relevante cuanto más cerca suceden los acontecimientos, vamos a centrarnos en lo que nos toca por proximidad. En Gibraltar, en términos de ciudadanía, de la población sin acceso a canales privilegiados de información, lo que se sabe o vislumbra respecto a cuál puede ser el futuro se aproxima a nada. En la vecina ciudad, el Gobierno se ha dedicado a estudiar este tema –es verdad- incluso antes de que se celebrara el referéndum, pero una vez sorprendido por el resultado –como todos- ha limitado la difusión de noticias a tranquilizar a sus conciudadanos.
Cierto que el pánico es la peor de las situaciones que se pueden producir para gestionar una crisis, pero la falsa tranquilidad no es mejor de cara a conseguir reaccionar adecuadamente. Hasta el momento, cualquier gibraltareño medianamente informado por los medios de comunicación locales podría decirnos que su Gobierno está desplegando una amplia actividad cerca del Gobierno de Londres e incluso de los gobiernos de las otras regiones o países que componen el Reino Unido, para conseguir que sus intereses se vean amparados en las futuras negociaciones con la Unión Europea.
Pero, en realidad, lo que está sucediendo es que nadie, o casi nadie, sabe realmente cómo se van a desarrollar esas negociaciones y ni siquiera está claro que el asunto Gibraltar vaya a estar en la agenda de la negociación. Porque esa va a ser la primera de las batallas a librar. Es perfectamente posible que, como ya ha avanzado el Gobierno español, Gibraltar no esté sobre la mesa y su futuro se diluya con el de todo el Reino Unido, sin solución de continuidad y sin ninguna concesión especial.
Las peculiaridades que las autoridades gibraltareñas pretenden introducir en la negociación, aún no iniciada, insisto, no son más que deseos que ni siquiera Londres podrá decidir de forma unilateral. Ni siquiera las garantías aparentemente ofrecidas por Teresa May son eso, garantías, sino simple muestra de voluntad que muy bien pueden caerse de la lista a la primera de cambio, dados los altísimos intereses en juego para, por ejemplo, la City de Londres.
No sé si los ciudadanos de Gibraltar son conscientes de que, más que nunca, tienen su futuro en el aire. Tan en el aire que de la tranquilidad transmitida por su Gobierno pueden pasar a la incredulidad de un futuro desconocido y, seguramente, bien distinto a su realidad actual. Los sentimientos en los que basan su posicionamiento, muy legítimos, quizás no sean los mejores consejeros para encontrar una solución a esta encrucijada.
Nada está escrito, nada está decidido, ni nada se sabe en realidad. Sólo hay pura incertidumbre. Bueno sería que se prepararan para, quién sabe, recibir un susto de esos que hacen que todo se tambalee.