El agua que llama a la puerta
¿Hasta cuándo se permitirá edificar, reconstruir, ampliar, rehabilitar y hasta vivir en terrenos que son de los ríos?

La Columna de Ana Huguet (24/03/2025)
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Sevilla
Mi casa se inundó el pasado 30 de octubre. Un día después de la tragedia de Valencia, un aguacero descargó de golpe en Jerez 115 litros por metro cuadrado, la cantidad más alta desde que hay registros. Mi terraza no fue capaz de desaguar toda la lluvia que recibió y el agua entró a placer hacia adentro, anegando toda la vivienda. Entre visita y visita de peritos, técnicos y reparadores, uno de ellos me dijo: “Ya no se puede construir como se hacía años atrás. Las casas de hoy no están preparadas para recibir estas trombas de agua en solo unos minutos”. Y ahí quedó el comentario.
En las últimas semanas nos ha atravesado un tren de borrascas. Ha pasado Jana, Konrad, Laurence y Martinho. Ha habido tres víctimas mortales, desalojos, rescates, derrumbes, tres tornados y varios ríos desbordados que han afectado sobre todo a zonas rurales. Hace cinco meses, el consejero de la Presidencia, Antonio Sanz, subrayó que cerca de 600.000 andaluces viven en áreas de riesgo de inundaciones. Lo atribuyó a “una mala planificación urbanística y a la laxitud con la que muchos ayuntamientos han abordado este problema”.
Aún hoy, en las zonas anegables de los cauces se siguen vendiendo parcelas y, como última novedad, hasta afloran casas como pisos turísticos. Es en esta total ausencia de regulación cuando rememoro las palabras del perito que vino a casa en octubre y añado: ¿Hasta cuándo se permitirá edificar, reconstruir, ampliar, rehabilitar y hasta vivir en terrenos que son de los ríos?
Según información de esta pasada semana, la tierra ha superado el último año en 1,5 grados el umbral de calentamiento. Como consecuencia, solo en 2024 se han superado los 150 fenómenos meteorológicos extremos. Es la tendencia, es lo que nos viene y no se puede por más tiempo mirar hacia otro lado. Y es verdad que es difícil regular; y, aunque sea poco a poco, es verdad que es muy impopular derribar. Pero más duro y condenable es enterrar.